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Entre-Libros: Luis Quiñones Cervantes

Luis-Quinones

Hoy en “Entre-Libros“, hablamos con Luis Quiñones, autor de “Un hombre detrás de la lluvia” (Algón Editores – 2015).

¿Qué género te define mejor (romántica, thriller, etc..)?

Cuando escribo no pienso tanto en el género como en la propia historia que quiero contar. De hecho, siento que me identifico un poco con todos. Y así lo he hecho siempre que he escrito una novela: el periodismo, la novela histórica, la novela negra, el ensayo, la biografía… Siento que una novela no tiene por qué tener un subgénero, sino subgéneros. Una novela puede convivir con distintas novelas, caminos que se cruzan, voces que se superponen. Si me decantara por un solo subgénero, hubiera cerrado muchas puertas a las historias que he escrito. La mixtura de técnicas y géneros es enriquecedora.

¿Si tu vida fuera un libro, qué título tendría?

Me encanta la pregunta, y creo que es de las más difíciles a las que alguien que escribe puede dar respuesta. Quiero pensar que mi vida es un libro que se está escribiendo aún y cuyo autor no ha decidido aún el título. Pero si tengo que dar una respuesta, tendré que recurrir a un libro de poemas: Palabra sobre palabra, de Ángel González. Así vivimos quienes nos dedicamos a esta locura maravillosa de la literatura.

De niño/a, creciste leyendo a…

Crecí leyendo algún clásico juvenil como La isla del Tesoro o Las aventuras de Tom Sawyer; y a Michael Ende, entre otros. Hice lecturas muy diversas, sin orden ni concierto, en muchas direcciones. A veces incluso libros que no eran para chavales y de los que dudo, releyendo alguna, si me enteraba de algo. Y esa tendencia al desorden lector la mantengo todavía hoy.

¿De qué libro te hubiera gustado haber sido el protagonista?

Me hubiera conformado con ser un secundario de Rayuela, un observador lejano de sus protagonistas y de la ciudad de París. O quizás el hombre sorprendido por el Aleph en el hueco de la escalera de su casa.

¿Qué libro te gustaría haber escrito?

Antes de responder tengo que hacer una aclaración y dar una opinión sincera. Esta pregunta me entusiasma porque cualquier respuesta sería una entelequia. Y me gustaría decir que percibo entre muchos escritores que se mueven por las redes y en algunos medios (escritores conocidos incluso) una sobreactuada pose y cierta inmodestia. Cuando pongo el punto final a una novela mía, pienso en todas las grandes novelas que he leído y me pregunto si ha merecido la pena y si con mi historia aporto algo nuevo, si la historia que he concluido realmente se merece un hueco entre todos los magníficos libros que pueblan las bibliotecas. Solo un loco o quien no ha leído mucho puede pensar que lo que uno escribe es merecedor de una minúscula porción de la atención del público. La inmodestia de algunos escritores no les hará caer en la cuenta de que casi con toda seguridad y en el cien por cien de los casos otros escribieron sobre lo mismo y mucho mejor. Ahora la respuesta: me hubiera gustado escribir muchos libros; desde casi todos los de Galdós o Dickens a cualquiera de Gabriel García Márquez; desde cualquiera de Llosa a uno solo de los de Carpentier. Somos tan pequeños comparados con Cervantes, Tolstoi, Flaubert o Cortázar, que a veces siento una especie de vergüenza ajena por algunos que no dudan en referirse a sí mismos, sin ambages, como escritores.

¿Con qué escritor tomarías un café?

Con cualquiera de los que he mencionado antes no me tomaría un café, sino cientos. Quizás lo más adecuado fuera  hacer una fiesta en mi casa con todos ellos. Por supuesto invitaría a Quevedo, a Lord Byron, a Bécquer, a Lorca, y a Neruda, para que animaran la fiesta. Y mandaría por hielos a otro puñado de escritores (que no mencionaré) para que no me estropeen la fiesta.

Un personaje de un libro…

Sin duda, don Quijote. Es más que un personaje de novela: es un mito, un referente intemporal, un loco cuerdo, un espejismo de lo que todos querríamos ser, un sabio, un simple hombre y, al mismo tiempo, un héroe. Es quien mejor representa la libertad y la imaginación. Sin ambas, ni la literatura ni la vida serían posibles.

¿Alguna frase o cita de un libro que se te haya quedado grabada?

Me gusta muchísimo una frase de Carroll, de Alicia en el país de las maravillas: “Sé quién era esta mañana cuando me levanté, pero creo que he debido cambiar varias veces desde entonces”.

¿Alguna película que consideres fiel al libro?

Quizás porque leyera la novela por primera vez cuando era más joven y determinados asuntos impresionan más a cierta edad, tengo que decir que Los santos inocentes es una película que tengo grabada en la memoria tanto o más que el libro de Delibes. Al releer el libro, no puedo dejar de ver escenas de esa película.

Recomienda un libro…

Es difícil recomendar solo uno. Pero animaría a la lectura de algún autor contemporáneo como Chirbes, por ejemplo. Representa a un autor que encontró la fama casi al final de su vida, pero que tiene novelas fabulosas como La larga marcha, La caída de Madrid o La buena letra. Para domingos lluviosos, me quedo con Muñoz Molina o Javier Marías.

 

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Un hombre detrás de la lluvia

quinones

Aparentemente, el libro podría ser la biografía de alguien a quien se le encargó matar a un hombre y no lo hizo, así reza al menos la sinopsis, pero entre sus páginas nos encontramos algo más enmarañado de lo que podríamos esperar, una historia en apariencia sencilla que da vueltas sobre la vida y la muerte, el amor, las dudas, la lluvia… Luis Quiñones, el real o una especie de alter ego inventado, eso quizá no importa, comienza contándonos un poco sobre él mismo para aclararnos cómo contactó (ficticia o realmente) un tal Oswaldo Mitto con él para que escribiera sus memorias. Así, a lo largo de sus páginas se entremezcla pasado y presente, recuerdos de un viejo Oswaldo, pensamientos actuales y deducciones del autor, que alterna supuestas conversaciones con su interlocutor y pensamientos propios con el relato de lo que éste asegura que sucedió, como si transcribiera directamente unas grabaciones.

Luis Quiñones - Un hombre detrás de la lluvia

A Oswaldo Mitto Zuloaga el gobierno chileno le encargó matar a un tal Ricardo Reyes y no lo hizo. El porqué es uno de los grandes interrogantes que esconde esta novela, que nos ofrece pequeñas dosis de sinceridad con profundos silencios que nos mantienen en vilo. Quién es Ricardo Reyes y qué pinta una tal Juliette Binet en esta historia, por qué Oswaldo no aprieta el gatillo de su pistola, por qué se esconde bajo la lluvia y observa como si fuera invisible al hombre al que debería matar, y qué opina el autor, su biógrafo, el propio Luis Quiñones, sobre la historia de la que le hace partícipe un anciano al que no conocía de nada.

<<No creo que sea un loco. Pero siento que Oswaldo vive sumido en una obsesión, aprisionado por un pasado del que no ha podido salir aún>>.

Con un lenguaje muy rico en matices, ágil y descriptivo en su justa medida, el autor nos traslada al París de mediados de los años treinta, al poco de estallar la Guerra Civil Española y previo a la Segunda guerra Mundial; sus palabras transmiten cierta melancolía hacia esa ciudad que junto a las dudas y sentimientos que el viejo Oswaldo no sabe muy bien expresar, nos lleva directos a esas calles oscuras y mojadas, con el frío del final de la primavera. El escritor, biógrafo, nos habla en primera persona del presente porque transcribe lo que sus grabaciones han recogido, y aunque no suele llegarme mucho ese estilo narrativo en el que el narrador se dirige al lector directamente, a lo largo de la novela Luis Quiñones ha conseguido que me sentara a la mesa junto a él y Oswaldo Mitto para escuchar atentamente su conversación, como espectadora silenciosa y atenta, participando incluso en los planteamientos del escritor, como si los compartiéramos.

<<Soy incapaz de comprender ese estado de ánimo ambiguo que muestra, tal y como si aún estuviera escondido bajo la lluvia>>.

Debo reconocer que París no es una ciudad que en su día, cuando la visité, me enamorara, ni aun hoy es un destino al que pretenda volver, quizás por eso la novela no me ha llegado tanto como podría haberlo hecho de sentir esas calles como propias; sin embargo, he de reconocer que Quiñones consigue trasmitir al lector esa melancolía, ese ambiente bohemio, el olor de sus calles tras la lluvia, y sobre todo, la vorágine de pensamientos y de unos sentimientos que Oswaldo no es capaz de expresar pero que nosotros, los lectores, podemos perfectamente comprender e incluso sentir.

En definitiva, una novela de lectura ágil pero intensa, plagada de frases dignas de ser subrayadas, con pequeñas dosis de misterio y también sorpresas, y que deja un sabor agridulce en la boca tras acabarla.

Valoración:   valoracion-4